Miscelaneos, Reflexiones

El «Pastor» se encuentra en la Biblia… ¿cierto?

Este artículo no está dirigido a criticar a los pastores, pues muchos de ellos son excelentes personas, además que su labor los hace muy respetables. He conocido a varios que son verdaderamente dignos de honor por su trabajo incansable, su amor a Cristo y a los hijos de Dios.

El problema se da a través del rol que asumen, como un oficio, que no está de acuerdo con las Sagradas Escrituras.

El pastor se ha constituido en la figura fundamental del iglesianismo* protestante. Él es el máximo líder y funge como gerente y capitán de equipo, sin lugar a dudas es la figura principal de las congregaciones cristianas de la actualidad.

* El iglesianismo es un término acuñado con las palabras iglesia y cristianismo, es un cristianismo enfocado en la vida de congregación (la falsamente llamada iglesia). Se centra en los hábitos de vida y las tradiciones institucionales que se desarrollan dentro del ámbito eclesiástico. Tiene como principio el asistir a la “iglesia” el día domingo para escuchar de manera pasiva el sermón de un pastor solitario. La cualidad de las personas que se dicen cristianas y están demasiado centradas en las actividades de la congregación, desenfocándose de la teología, de las enseñanzas espirituales y de la búsqueda de una vida de pureza y de obediencia a Jesucristo.

Los cristianos del iglesianismo están tan alineados al modelo del pastor-capitán-gerente, que en su mente el pastor prevalece como la figura de un santo que tiene una comunión tal con Dios, por estar muy ungido por Él, por tanto, es el más respetado, el más alabado, el más consultado y posiblemente el intocable.

Cuando el pastor se va y deja a la congregación, solo quedan ovejas sin rumbo, hasta que se consigue un reemplazo. El pánico cunde cuando el pastor anuncia que debe marcharse. Sin el pastor el modelo actual del protestantismo entra en agonía, sin capitán las ovejas del equipo se lanzan en desbandada.

El pastor parece ser la piedra fundamental de la iglesia, Cristo ha sido desplazado en muchos casos. Sin el pastor la congregación muere, porque deja de tener el pilar central que sostiene todo el edificio.

Puesto que el modelo de un solo pastor está tan fuertemente instituido, nadie se cuestiona sobre el mismo y por supuesto la gran mayoría sigue a su pastor como mansas ovejas.

El problema se suscita cuando escudriñando las Escrituras no encontramos ni un solo versículo en todo el Nuevo Testamento, que sustente el modelo del pastor moderno, por ese mismo motivo  el pastor solitario nunca existió en la iglesia primitiva.

Buscando en el Nuevo Testamento la palabra “pastor” no la encontramos sino en su forma plural “pastores” en el sentido de anciano.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”. Efesios 4:11

Al no existir sustento bíblico para el modelo de un solo pastor, entendemos que el modelo moderno es antibíblico.

“Poimen” en griego significa pastor de ganado, el término pastores es usado de manera metafórica para describir una función en la iglesia de Jesucristo. Nunca se refirió a un oficio, menos a un título, en contraposición al sentido de profesión especializada que tiene en estos tiempos.

El texto del apóstol Pablo de Efesios 4:11 no apoya la profesión pastoral, sino que se refiere a una función dentro de la iglesia, una función de cuidado y desarrollo espiritual sobre la grey de Dios. Definitivamente no es un título y menos un oficio, bíblicamente hablando el pastor como profesional de la fe no existe.

Este texto no indica quiénes son los pastores, se sobreentiende que deben tener aptitudes de pastor de rebaño que metafóricamente se aplica a la forma de guiar que los cristianos espiritualmente crecidos han de tener con sus hermanos más pequeñitos. Los pastores del primer siglo eran ancianos (más de uno) locales cuya función era un tanto diferente a la del pastor moderno, especialmente porque no ejercían de manera profesional y tenían algún otro oficio que aportaba a sustento personal y familiar.

¿Cuál es el origen?

El pastor del cristianismo reformado es una herencia del catolicismo, que a su vez tiene sus raíces en los mismísimos albores de la humanidad. Martín Lutero generó la reforma, sin embargo, no pudo ir en contra de tradiciones dominantes. Si bien, el nuevo pastor ya no estaba sujeto a un poder y jerarquía eclesiásticos, cumplía funciones similares a las del sacerdote católico (que en cierto sentido es una emulación del sacerdote judío), habla desde el púlpito a una congregación pasiva y dirige la vida de la iglesia, con la gran diferencia que puede llevar una vida familiar de varón casado con una mujer y tener hijos.

Si el pastor (sacerdote) moderno estaba ausente en la iglesia primitiva, ¿de dónde proviene? ¿Y cómo se eleva a una posición tan prominente en la fe cristiana? Es una historia dolorosa, cuyas raíces están entretejidas y son complejas. Estas raíces llegan tan lejos como la caída del hombre.

Con la caída vino un deseo implícito en el hombre de tener un líder físico que lo llevara a Dios. Por esta razón, las sociedades humanas a través de las historia han creado consecuentemente una casta espiritual especial de iconos religiosos. El medico, el chamán, el hacedor de milagros, el brujo, el sabio y el sacerdote han estado presentes desde la caída de Adan.

El hombre caído ha tenido siempre el deseo instintivo de erigir una casta sacerdotal especial, compuesta de quienes únicamente tienen trato directo con los dioses. Esta búsqueda está en las venas del hombre natural, quien como criatura caída, observa a la persona que ostenta poderes espirituales especiales, quien a su vez está dotada de un entrenamiento especial, un don especial, un vocabulario especial, y un estilo de vida especial.

Podemos observar una gran muestra de este deseo instintivo del hombre caído en la historia de la antigua Israel. Hizo su primera aparición durante el tiempo de Moisés. Dos siervos del Señor, Eldad y Medad, recibieron el espíritu de Dios y comenzaron a profetizar. En rápida respuesta, el joven Josué urgió a Moisés a “impedirles”. Moisés reprobó al joven diciendo que ojalá todo el pueblo de Dios pudiera profetizar. Moisés mismo estaba en contra del espíritu clerical que había tratado de controlar el pueblo de Dios. Observamos otra actitud similar cuando Moisés ascendió al monte. El pueblo deseaba que Moisés fuera el mediador físico entre ellos y Dios, pues temían una relación personal con el Todopoderoso.

Este instinto caído apareció de nuevo en el tiempo de Samuel. Dios deseaba que su pueblo viviera bajo Su señorío directo, pero Israel se resistió y clamó por un rey humano.

La semilla del pastor moderno puede ser detectada en la era del Nuevo Testamento. Diótrefes, quien “amaba tener el primer lugar” en la iglesia, tomó el control ilegítimamente. En suma, algunos estudiosos sugieren que la doctrina de los nicolaítas, que Jesús condena y aborrece en Apocalipsis 2:6 y 2:15 es una referencia al surgimiento de un sistema clerical temprano.

A lo largo de la búsqueda del hombre caído de un mediador espiritual está la obsesión con el sistema jerárquico de liderazgo. Todas las culturas antiguas fueron jerárquicas en su estructura social en un grado u otro. Lamentablemente, los cristianos post-apostólicos adoptaron estas estructuras en su vida de iglesia como veremos.

El nacimiento del gobierno de un solo obispo.

Hasta el segundo siglo, la iglesia no poseía liderazgo oficial. En este sentido, las iglesias del primer siglo eran de hecho concordantes. Eran grupos religiosos sin sacerdotes, templos o sacrificios. Los propios cristianos llevaban la iglesia bajo el señorío directo de Cristo.

Entre las congregaciones estaban los ancianos (pastores o supervisores). Estos hombres estaban al mismo nivel, no existía jerarquía entre ellos. También estaban presentes los trabajadores extra-locales que plantaban iglesias. Éstos eran llamados “los enviados” o apóstoles. Pero no tomaban residencia en la iglesia que cuidaban, ni tampoco la controlaban. El vocabulario del liderazgo del Nuevo Testamento no permite estructuras piramidales. Es más bien un lenguaje de relaciones horizontales que incluye acción ejemplar.

Todo era cierto que hasta Ignacio de Antioquia (35-107 DC) entró en escena. Ignacio fue la primera figura en la historia de la iglesia en descender el primer escalón hacia la pendiente resbaladiza de la iglesia de un único líder. Podemos seguir el origen del pastor o sacerdote moderno y la jerarquía de la iglesia hasta él.

Ignacio elevó a uno de los ancianos sobre los demás. El anciano elevado era ahora llamado el “obispo”. Todas las responsabilidades que correspondían al colegio de ancianos eran ejercidas solo y únicamente por el obispo.

En el 107 DC, Ignacio escribió una serie de cartas en su camino a ser martirizado en Roma. Seis de siete de estas cartas poseen el mismo tenor. Están llenas con una exaltación exagerada de la autoridad y la importancia del oficio del obispo.

De acuerdo a Ignacio, el obispo poseía la autoridad final y debía obedecérsele absolutamente. Considere el siguiente extracto de sus cartas: “todos vosotros seguid al obispo así como Jesucristo sigue al Padre… nadie debe realizar oficios en la iglesia sin el obispo… dondequiera que el obispo aparezca, allí deberá estar la congregación… vosotros mismos nunca debéis actuar independientemente de vuestro obispo o clérigo. Vosotros debéis ver en vuestro obispo como un tipo de el Padre… cualquier cosa que él apruebe, es placentero a Dios”.

Para Ignacio, el obispo estaba de pie en el lugar de Dios mientras los presbíteros estaban en el lugar de los doce apóstoles. Recaía en el obispo el celebrar la cena del Señor, conducir los bautismos, dar consejos, disciplinar a los miembros de la iglesia, aprobar matrimonios, y predicar sermones.

Los ancianos se sentaban con el obispo en la cena del Señor. Pero era el obispo quien presidía sobre ella. Él tomó cargo de las oraciones publicas y el ministerio. Solo en los casos mas extremos el llamado “laico” tomaba la cena del Señor sin la presencia del obispo. Por lo tanto el obispo, decía Ignacio, debe presidir sobre los elementos y distribuirlos.

Para la mentalidad de Ignacio, el obispo era el remedio para la propagación de las falsas doctrinas y establecer la unidad de la iglesia. Ignacio creía que si la iglesia sobrevivía la herejía, tenía que desarrollar una rígida estructura de poder, cuyo patrón era la estructura política centralizada de Roma. El gobierno de un solo obispo rescataría la iglesia de la herejía y los conflictos internos.

Históricamente esto es conocido como el “monoepiscopado” o el “episcopado monárquico”. Es el tipo de organización donde el obispo se distingue de los ancianos (el presbiterio) y tiene un rango superior a ellos.

Para la época de Ignacio, el gobierno de un obispo no tuvo cabida en otras regiones. Pero para la mitad del segundo siglo, este modelo estaba firmemente establecido en la mayoría de las iglesias. Para el fin del tercer siglo, esta prevalecía en todas partes.

El obispo se convirtió eventualmente en el administrador y el distribuidor de la riqueza de la iglesia. Él era el hombre responsable de la enseñanza de la fe y el conocedor de todos los aspectos de la cristiandad. La congregación, una vez activa, fue dejada ahora sorda y muda. Los santos solamente observaban el desempeño del obispo.

En efecto, el obispo se convirtió en el “solo pastor” de la iglesia. El profesional en la adoración común. Se le veía como el orador y la cabeza de la congregación. Aquel cuyas manos llevaban el control. Todos estos roles hicieron del obispo el arquetipo del pastor moderno.

La conclusión es que la iglesia debe volver a su modelo original, una iglesia local donde se llevan a cabo reuniones entre hermanos en Cristo en casas, donde todos participan de manera activa e igualitaria. Se trata de una familia en la fe, no de una organización, se conocen y conocen su amor por Jesucristo, se edifican y se cooperan mutuamente. Todos tienen funciones de pastorear, exhortar, enseñar, etc. y si hay un liderazgo (de ancianos), éste debe ser de hermanos crecidos en la fe que puedan servir con humildad y en amor a los que todavía beben leche espiritual o a quienes así lo necesiten, de ninguna manera puede tratarse de un liderazgo jerárquico. Jesús nos enseño que el mayor sirve al menor.

La iglesia local no depende de ninguna institución, es decir que es totalmente independiente y solo se guía por las Sagradas Escrituras siguiendo al Espíritu Santo.

El modelo actual de iglesia moderna lleva generalmente a grandes distorsiones, especialmente a que personas identificadas con el iglesianismo e impíos activos frenen el crecimiento de la verdadera iglesia de Jesucristo.

 

 

REFERENCIAS

“Pastors, where did they come from?» por Frank viola.

“Paganismo en tu cristianismo” por Frank Viola

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