Reflexiones

¡Enfócate hermano(a)!

Las circunstancias de la vida de un creyente, sin lugar a dudas, están dadas por Dios mismo. De ninguna manera puede el cristiano pensar que lo que vive, puede ser atribuible a la casualidad o a la buena o mala suerte. Dios, en su providencia, nos lleva a situaciones que probablemente no podamos entender, que sin embargo son completamente claras para Él.

Dios siempre tiene un propósito en todo lo que hace, en cada situación de nuestra vida podemos encontrar un objetivo que Él quiere alcanzar. De ninguna manera debemos situarnos en frente de nuestras circunstancias y pretender ser forjadores de nuestro propio destino. Todo lo que vivimos viene de Dios y nunca dejamos de estar en sus manos, lo que venga de Él, por más bizarro que nos pueda parecer, siempre nos ayudará a bien.

Bajo la premisa que para el creyente que ama a Dios todo por lo que pasa es bueno, aunque circunstancialmente muchas cosas le parezcan malas, solo le queda entregarse al Señor y esperar poder discernir el beneficio de cada una de las situaciones por las que atraviesa. A partir de esta premisa el creyente debe ENFOCARSE en confiar en Dios y serle obediente, todo lo demás vendrá por añadidura.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28 RVR1960

Uno de los elementos centrales de la vida del cristiano es el contentamiento, que implica que se da por contento ante cualquier circunstancia o situación por la que tenga que pasar, porque Dios así lo ha previsto, sabiendo que vive en un mundo de tribulación y que la gran recompensa no se encuentra lejos.

Cuán hermosa la descripción que Pablo nos regala sobre el contentamiento que él tenía, el supo contentarse indiferentemente de la situación por la que atravesaba, se encontraba siempre satisfecho emocionalmente, porque estaba lleno del Espíritu y caminaba con Dios.

En contraposición el mundo nos enseña que no hay que contentarse, nos dice que hay que pelearla. Esto despierta insatisfacción y con mucha probabilidad lleva a pecar.

Aprendamos del apóstol, no permitamos que lo mundano nos domine, estemos enfocados en las cosas de arriba, contentándonos con lo que nos toque.

11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Filipenses 4:11-12

He podido constatar en mi mismo, que a pesar de no ser del mundo, si no estoy constantemente atento, la fuerza del mundo, la vida y las demandas del día a día me absorben y me llevan a desenfocarme del Señor. Es preciso que me enfoque y me vuelva a Jesucristo todo el tiempo.

De la misma forma que el pueblo de Israel fue llamado al arrepentimiento un sin fin de veces, el creyente necesita escuchar el llamado de Dios para enfocarse en una vida de piedad con todas las fuerzas, con el corazón, el alma y la mente.

El mundo y la carne distraen y tientan, y de manera muy sutil conducen al engaño, bendita sea la gracia de Dios que nos encarrila una y otra vez.

“Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá para allá,” Jeremías 4:1

Cuando me dirijo en oración a Dios, suelo referirme a Él como “Padre amado”, esta forma de expresarme me ha llevado a pensar si realmente se trata de mi Padre amado, porque mi falta de cumplimiento de los mandamientos me lleva a pensar si en verdad le amo.

Al no guardar alguno de los mandamientos estoy demostrando ser muy independiente y estar viviendo en una libertad que me aleja de mi Señor. A pesar de haber comprendido ampliamente que Jesucristo es mi Señor y salvador, no demuestro con mis hechos mi sumisión total a Él.

Ser un buen siervo implica ser un siervo fiel que obedece a la Palabra de su Señor y le sirve con todo su ser porque le ama, no duda ni un segundo en obedecerle porque sabe que Él le amó primero. Si el siervo duda en servir a su Señor, debe preguntarse si no está amando a otro (ídolos)  o a sí mismo más que a Él.

Es preciso enfocarse en el rol de siervo que todo creyente verdadero debe asumir, de ninguna manera debemos actuar de manera independiente, como si fuéramos libres, por más seductor que esto sea, somos totalmente dependientes del Señor que nos rescató de la muerte, muriendo Él mismo en vez de nosotros.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Juan 14:15

El pueblo de Israel ya no tenía lugar en Babilonia, su cautiverio había terminado. De la misma manera el cautiverio de los llamados por Jesucristo ha terminado, han sido liberados del yugo de Satanás y del pecado a través de la libertad proclamada por Cristo Jesús.

Debemos enfocarnos en ir con prisa diligente sin perdida de tiempo ni demora detrás de nuestro Señor, de ninguna manera tendremos prisa nerviosa como la de aquel que huye. Nuestra liberación es completamente legal, ninguno de nuestros captores puede alegar que se nos liberó de manera indebida y que debemos retornar a nuestro cautiverio, la muerte de Jesucristo es suficiente, Él pagó el precio completo de nuestra liberación.

Dios camina delante de quienes van por el camino de la obediencia, no es necesario apresurarse por temor.

“Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel.” Isaías 52:12

Nuestro Señor nos da todas las pautas y seguridades como para que nos enfoquemos en Él de manera exclusiva. Nos bendice con el don de fe para que podamos creer con toda certeza que Jesucristo es nuestro seguro salvador. Sabemos que podemos confiar plenamente en su providencia, bondad, amor, gracia y misericordia.

Por donde vayamos sigamos su Palabra y no dejemos que nuestro propio criterio sea el que domine nuestras circunstancias. Si enfocamos nuestra visión en dichos aspectos, tengamos por seguro, que nos irá bien en nuestro caminar por este mundo.

5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. Proverbios 3:5-6

Enfocarnos en la obediencia nos dará nuevas fuerzas. Al momento de ser obedientes nos encontramos casi siempre ante una lucha, porque nuestro ego se antepone a Jesucristo, nos cuesta morir a nosotros mismos para que Cristo viva en nosotros.

pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:31

Pongamos toda nuestra confianza en la verdad de Jesucristo. Muchas veces nos enfrentamos al dilema de actuar con obediencia o no por el simple hecho de no querer ser juzgados por el mundo. ¿Qué importa el juicio del mundo si Dios está con el creyente?

Él nos garantiza que siempre nos ayudará, no nos condiciona su sustento en compensación por nuestra obediencia. Sin embargo, nosotros se lo debemos todo y debemos estar enfocados en nuestro anhelo de ser sus fieles siervos que le aman.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10

Vivamos en el temor de Dios y consolémonos en su infinita misericordia cuando caigamos, sepamos que Él nos sostiene de la mano y no permitirá que quedemos sin poder levantarnos.

23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino. 24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano. Salmos 37:23-24

ORACIÓN

Padre Santo y Bendito gracias por la obra de tu hijo Jesucristo sobre nuestras vidas, que sea tu gracia obrando en nuestras vidas para poder enfocarnos en nuestro amor por ti, que se traduce en obediencia a tu divina Palabra. Ayúdanos Señor, acompáñanos Padre, nuestro anhelo es vivir enfocados en vivir para ti. Amén.

Alex Granier

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