Comentarios, Reflexiones

¡Jesucristo, cuánto te necesito!

“Jesús es todo para mí bajo del cielo; Él es mi fuerza y mi vigor día tras día; Él es mi dicha, mi gozo, mi consuelo; Y sin su ayuda y sin su amor yo caería. En mi aflicción a sus fuertes brazos vuelo. Él es mi amigo que me colma de alegría. Solo en Él encontrar refugio puedo. Solo en Él halla solaz el alma mía”. Will L. Thompson

Señor mío cuando Tú no estabas conmigo no me daba cuenta de cuánto te necesitaba y ahora que estoy contigo me doy cuenta que sin Ti me sería imposible seguir viviendo.
Cuando Cristo no está presente en la vida de las personas, ellas no se dan cuenta de su urgente necesidad, esa es la triste condición del hombre natural.

Vivimos tan llenos de nosotros mismos, que no nos damos cuenta que necesitamos de manera desesperada que Jesucristo llene nuestros vacíos, nuestras vidas. Sin importar en el tipo de familia en que hayamos crecido, cristiana o no, a la escuela a la que hayamos asistido y a la religión a la que pertenezcamos, todos vivimos empapados de la cultura y del mundo con hábitos, comportamientos, pensamientos y razonamientos que casi nada tienen que ver con Jesucristo, porque en nuestra condición de seres caídos le rechazamos y no estamos interesados en conocerle, menos en seguirle.

El rechazo se da a partir de que Jesucristo confronta a las personas con su pecado. Muchos consideran que vivir cercano a Cristo es estar oprimido por todos los “no” que Él impone, no seas fornicador, no seas adultero, no seas borracho, no al sexo extra matrimonial, no al divorcio, no a la idolatría, no, no, no.

El mundo dice lo contrario a Cristo y si todo el mundo lo dice debe ser cierto. No está mal visto que se tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio, el mundo justifica el adulterio, la sociedad ve cualquier reunión social sin alcohol como aburrida, es común oír que es bueno haber probado el sexo con otras personas antes de casarse, el divorcio es visto como una liberación, y así sucesivamente un sin fin de opuestos del mundo a los preceptos de Jesucristo.

Vemos que el pecado es el grave problema de la humanidad, porque ésta vive completamente sometida a él. La Biblia dice que el hombre natural es esclavo del pecado, una vil situación que la humanidad no puede ni quiere reconocer. Es una condición de esclavitud que en vez de ser rechazada, es disfrutada. El hombre natural vive sumido en el peor de los engaños, duro pero cierto.

¿Por qué necesitamos de Jesucristo?

La única manera de poder ser liberado de la esclavitud del pecado es a través de la obra de Jesucristo en la cruz. Su terrible muerte de cruz es un sacrificio sustituto por aquellos pecadores que son bendecidos con la gracia.

La única manera que Dios pueda perdonar el pecado es a través del sacrificio perfecto de Jesús, solo y únicamente su sangre es capaz de lavar el pecado.

Desde antes de la fundación del mundo Dios ya tenía diseñado un plan que lo fue revelando poco a poco a la humanidad. Al principio ordenó que se realizasen sacrificios de animales para remisión de pecado, y así se hizo por miles de años, hasta la llegada de Jesús, cuyo objetivo central en la tierra fue el de morir en la cruz a fin de convertirse en el sacrificio perfecto del Cordero sin mancha por una sola vez y para siempre, para que todos los que en Él creen puedan ser salvos.

Sin la muerte de Jesucristo la gracia que regala el Dios Padre no se puede hacer efectiva para salvación. El problema de la humanidad entera es el pecado y la solución a dicho pecado es la muerte expiatoria de nuestro Señor, quien sin tener pecado se hizo pecado por los pecadores.

Lo duro de la vida terrenal es que los humanos no nos damos cuenta de la necesidad de Jesucristo en nuestras vidas, hasta que somos llamados por Dios y somos regenerados en espíritu para vida nueva a través de la maravillosa obra del Espíritu Santo.

Recién a partir de haber vivido la conversión nos damos cuenta de nuestro estado de bancarrota espiritual y reconocemos el valor verdadero del sacrificio de Jesucristo, aprendiendo que nuestro agradecimiento debe ser eterno, porque a pesar de no ser merecedores de perdón, el Dios Padre dentro de su misericordia decidió otorgarnos gracia y perdón, que sin la obra de Cristo Jesús sería imposible de conseguir.

Jesucristo cambia los corazones más duros.

El Señor manifestó que no había venido al mundo por justos sino por pecadores y para gloria de su poder se dedico a salvar en muchas ocasiones casos perdidos a los ojos del hombre. En el libro de los hechos de los apóstoles está la historia de un caso especialmente perdido, el del apóstol Pablo, quien era un perseguidor de cristianos y que había participado de persecuciones, arrestos y muertes a una cantidad importante de discípulos de Jesucristo.

Me arriesgo a pensar que cualquier fariseo que conocía a Saulo de Tarso, ese era el nombre de nacimiento de Pablo, hubiera apostado cien mil contra uno que Saulo era un hombre de principios definidos y que nunca dejaría de ser el fariseo modelo que era. A pesar de ser un religioso muy destacado, y de vivir cumpliendo de manera ostentosa y exagerada la ley, su corazón era como el granito más duro, Cristo se ocupó de ablandarlo y de convertirlo en un corazón de carne.

El Rey de reyes lo escogió, lo llamó y lo convirtió en el hombre más representativo del cristianismo primitivo y en el autor de mayor preponderancia del Nuevo Testamento, además de darle la gran responsabilidad de ser el apóstol de los gentiles.

Este es un magnífico ejemplo que nos demuestra el poder de nuestro Señor para cambiar lo incambiable. Ahora leamos lo que Lucas escribió sobre la historia de Pablo:

1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. 10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. Hechos 9:1-19

Jesucristo lo es todo para el creyente que le conoce y le sigue.

La conversión que Cristo otorga es inmediata, dándonos ojos para ver y oídos para escuchar a través de la regeneración de nuestro espíritu, posterior a esto el nacido de nuevo vive un proceso que se llama camino en santidad.

Pablo una vez convertido, se dio cuenta de la magnitud de su pecado a través de la intervención del Espíritu Santo, y con seguridad tuvo un proceso muy duro de arrepentimiento. Racionalizó que su vida sin su Redentor estaba completamente vacía y que a partir de su conversión no podía hacer otra cosa que vivir para la gloria de su Señor Jesucristo. Sabía que el propósito de su nueva vida era vivir haciendo la obra de y para Cristo, quien hacía posible que viviera gozándose a pesar de todos sus sufrimientos y vicisitudes.

Tenía conocimiento que al morir iría a la morada celestial prometida, por lo que morir era ganancia. No obstante, el tener tanta confianza en el Señor, él no buscaba morir, sino más bien agradecía por la vida nueva que Cristo le había dado. Era consciente que todavía tenía mucho por hacer para su Redentor en esta vida terrena y sus criaturas en este mundo, sería utilizado como instrumento para conversión de muchos a través del poder del Evangelio.

Todo creyente debe saber, sentir y manifestar que el vivir es solo y únicamente Cristo, nada ni nadie debe interferir en esta maravillosa relación. Su máxima y única preocupación debe ser el honor y la gloria de su maravilloso Señor.

El creyente genuino deriva su fortaleza de Cristo, tiene la mente, los sentimientos y la humildad que Cristo tuvo. El acto redentor de Cristo sobre él le permite conocerle a través de los sentidos espirituales nuevos recibidos, gozarse en Cristo, dedicar su vida a Cristo, es decir, vivir para su gloria y amarle en respuesta a su amor.

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Filipenses 1:21

Jesucristo es la fuente de toda provisión

El famoso versículo del salmo 23 “Jehová es mi Pastor, nada me faltará” suele ser malinterpretado por muchos, pensando éstos que Dios les dará todo en el sentido material.

Por otra parte esta el pasaje del Evangelio de Mateo que tenemos más abajo donde podemos ver con claridad que nuestro Señor se ocupa de que no nos falte ni comida, ni ropa, ni techo para que no vivamos afanados por lo intrascendente.

No se trata de una contradicción, sino del hecho que el Señor no permite que al hombre espiritual le falte lo necesario, lo cual no significa que éste tendrá todo lo que se le antoje y en abundancia.

Los simpatizantes de Jesucristo son los que se dejan llevar por el entusiasmo de contar con un dios imaginario que les dé de todo, seguros que por haber tomado la decisión de creer en Cristo, tendrán una vida de prosperidad y abundancia. Sin lugar a dudas ese pensamiento es totalmente equivocado, dado que la promesa no va por ese lado, aunque en ocasiones Dios bendice con abundancia material.

Por otro lado están los seguidores de Cristo, que buscan vivir una vida cristocéntrica en contraposición a la vida egocéntrica de los simpatizantes. El creyente genuino desea en lo más profundo de su corazón perseguir el reino de los cielos y vivir siguiendo la justicia de Jesucristo.

Jesucristo es el Buen Pastor y no cabe duda que cuida de sus ovejas, quienes a su vez oyen su voz y le siguen. A los que le oyen y le siguen nada les faltará en el sentido espiritual, porque el Rey de reyes da todo lo espiritual en abundancia.

25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26  Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32  Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Mateo 6:25-34

El significado de la muerte de Cristo en la cruz

La fe en Cristo crucificado ha reemplazado definitivamente la confianza de alcanzar la salvación por medio de las obras de la ley.

El estar juntamente crucificado con Cristo de ninguna manera hace que el Redentor y el creyente se conviertan en uno en una muerte simultánea. A pesar de estar juntamente crucificado con Cristo, el convertido mantiene su esencia personal y continúa una vida en la carne dentro de esta existencia terrenal.

Cristo nunca fue culpable ni injusto, el murió por el pecador para hacerlo inocente de toda culpa y justo ante los ojos del Padre Celestial. Su muerte fue sustituta y quien debió estar crucificado es el pecador, es en ese sentido que Pablo manifiesta su unión en la fe, un lazo que le une a Cristo de una manera muy poderosa.

Parafraseando, Pablo hace las siguientes conjeturas:

Si el Hijo de Dios murió por mi, quien soy absolutamente indigno de su muerte, y gracias a Él puedo vivir realmente, porque sin yo saberlo estaba muerto en mis delitos y pecados, entonces esta vida nueva que el Rey de reyes me regala, debo vivirla para Él y ya no para mi. Es por eso que ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí.

Gracias al amor de Cristo Jesús, quien se entregó a sí mismo a la muerte en la cruz y venció a la muerte y al pecado, he podido ser justificado ante la vista del Padre y he sido declarado justo, también he sido regenerado en espíritu para una vida nueva en la fe de Jesucristo.

Pablo deja de lado todo orgullo anterior y pone su completa confianza en actitud humilde en su Redentor, quien a su vez le brinda toda la fuerza necesaria para continuar una vida de tribulación en este mundo. El nivel de confianza es tal que desea rendirse plenamente a los pies de su Señor y salvador, esperando todas las cosas de Él.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20


ORACIÓN

Gracias Señor Jesucristo por entregarte a ti mismo de manera libre y voluntaria para morir por pecadores, que no son merecedores de perdón. Gracias mi Rey que te entregaste a la condena injusta, la vergüenza, el escarnio, los azotes, la crucifixión y al terrible sufrimiento por el abandono de tu Padre para conseguir salvar almas impías. Por favor ábrenos los ojos para comprender la dimensión del significado de la cruz en nuestras vidas y perdónanos por la dureza de nuestro corazón y nuestro pecado. Bendícenos con tu maravillosa gracia. Amén.

Alex Granier

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