Comentarios, Reflexiones

El Cristiano y el Mundo

¿Por qué el cristiano debe guardarse del mundo?

INTRODUCCIÓN

Dios vio toda su creación y era buena en gran manera, Él creó al mundo “bueno” (Génesis 1:31). Dios otorgó autoridad al ser humano para que señoree sobre el mundo (Génesis 1:26-31, Salmos 115:16). El hombre (Adán y Eva) al obedecer a la antigua serpiente (Apocalipsis 12:9 y 20:2) entregó el dominio de este mundo a Satanás (Lucas 4:6). Por ahora, el mundo está bajo el dominio del maligno, el príncipe del mundo (1 Juan 5:19, Juan 14:30). Eso cambiará en el reino Milenario de Cristo (Apocalipsis 20). Este mundo llegará al fin (2 Pedro 3:10-12, Mateo 24:35, Mateo 28:20, Isaías 34:4) y Dios creará nuevos cielos y nueva tierra (Apocalipsis 21:1).

La Palabra describe al mundo como uno de los tres enemigos espirituales: la carne, Satanás y el mundo. Mientras que la carne es un enemigo interior, el diablo y el mundo son enemigos exteriores.

Las Escrituras nos enseñan por una parte que el amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios y por otra que si alguno tiene amor por el mundo, el amor del Padre no está en él; en consecuencia el cristiano debe guardarse del mundo.

¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios Santiago 4:4

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él                  1 Juan 2:15

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. Santiago 1:27

¿QUÉ ES EL MUNDO?

¿De qué se trata este mundo, del cual la Palabra exhorta al cristiano a conservarse sin mancha?

Una pregunta en sumo importante, que debe ser atentamente analizada por quien quiere llevar adelante con toda responsabilidad y seriedad su cristianismo.

Las Sagradas Escrituras utilizan el término mundo en tres diferentes sentidos.

  1. Se trata del sistema de valores de la vida humana, es la sociedad en la que vivimos. Es el ambiente que ya está armado cuando nacemos, en el cual se incluyen los diferentes estilos de vida, líneas de pensamiento, opiniones, propósitos, creencias, cultura y todo lo que influye en la vida de las personas.
  1. El planeta tierra es llamado mundo, porque es el escenario que alberga el sistema organizacional de la vida humana.
  1. Se llama mundo al conjunto de personas que viven de acuerdo a este sistema organizacional.

El mundo desde siempre fue un sistema de valores contra Cristo; le odia a Él y a sus seguidores, pero, ama a los que son suyos.

3 y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. 4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. 5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. 1 Juan 4:3-5

18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Juan 15: 18-19

5 Porque ni aun sus hermanos creían en él. 6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. 7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Juan 7:5-7

Cuando leemos en la Palabra que «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores», entendemos que Él estuvo presente en sangre y hueso en este mundo, por lo tanto era inevitable que no estuviera en contacto con el sistema de valores del mundo, que tanto le odia.

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 1 Timoteo 1:15

Él decía de sus discípulos: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo» (Juan 17:16). No ser del mundo implica no formar parte de su sistema, del cual son parte todos los demás humanos.

Los discípulos no forman parte de dicho sistema, en el cual el resto de la humanidad encuentra complacencia y su razón de vida. Quien tenga amistad con este sistema, está en enemistad con Dios (Santiago 4:4), porque Dios exige dependencia y sumisión absolutas, mientras que la característica del sistema del mundo es que las personas se gobiernan a sí mismas.

LA PRESUNCIÓN DEL HOMBRE NATURAL SOBRE EL MUNDO

El hombre natural presume que el mundo es un orden de cosas completo, para no decir perfecto.

¿Puede haber algún otro sistema más admirable y tan bien desarrollado? Todo lo toma en cuenta, nada deja de lado.

“La satisfacción y la pretendida felicidad que el mundo contiene son suficientes para que aquella gran multitud movediza de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de un relativo contentamiento.

Los corazones se aprestan siempre a buscar lo que les pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados; si alguna cosa viene a faltar, inmediatamente se recurre a otra. La aflicción y aun la muerte no se dejan de lado en la organización del sistema de este mundo; se provee a los funerales, a los vestidos de luto, se hacen las visitas de pésame, se dispensan palabras de simpatía, nada se olvida; de tal manera que, en poco tiempo, el mundo es capaz de elevarse por encima de sus duelos, y de volver de nuevo a su acostumbrada esfera de ocupación.”

Unicamente por la infinita gracia de Dios unos pocos habitantes bendecidos han comprendido que cuanto hay en el mundo: arte, negocios, deporte, política, educación, gobierno, ciencias, tecnología, organizaciones sociales y religiosas, instituciones de todo tipo, etc., son parte del sistema de este mundo, de un sistema que va desarrollándose cada día y que no hay nada de qué presumir, porque la gloria es toda de Dios.

LAS NECESIDADES DEL HOMBRE NATURAL SON CUBIERTAS POR EL MUNDO

El hombre es por naturaleza gregario por lo tanto necesita vivir en sociedad; por eso el mundo cuenta con un sistema social complejo, muy bien organizado y completo, cuyo diseño permite que casi todo fluya prácticamente a la perfección.

La posición social lo es todo para el hombre natural; no escatima esfuerzos para alcanzarla y conservarla a casi cualquier precio. Observemos la sociedad con su amplia escala social, compuesta por enormes cantidades de personas, que viven en un esfuerzo constante por ascender y seguir ascendiendo, en tanto que otras hacen lo posible y lo imposible para mantenerse en su anhelada posición.

Además del orden social el mundo provee también el poder político a través de un gobierno para preservar la vida de sus integrantes a través de las leyes que el hombre instaura, protegiendo los derechos y creando obligaciones.

Con un sistema político bien establecido el mundo permite desarrollar los apetecidos negocios, incentivar la ciencia y las artes, conseguir mejoras tecnológicas y crear industrias para generar empleo a fin de fortalecer el sistema, que vive en la constante búsqueda del avance y del desarrollo en pro de la mejora de la calidad de vida de sus participantes.

El sistema mundano impregna y finalmente domina la mente, el alma y el corazón del hombre natural, logrando que éste piense que no hay mejor opción, sin percibir que es parte de un mundo terrible donde el pecado reina muy a pesar de la constante búsqueda del bien para todos en los corazones de muchos. Es un mundo donde el pecado de muchos proporciona el medio de subsistencia para otros muchos.

EL MUNDO ESTÁ SOJUZGADO POR SATANÁS

Satanás es «el dios de este mundo», «el príncipe de la potestad del aire», él dirige el aterrador sistema llamado mundo con su nefasta inteligencia, su energía y su gran genio inspirador para hacer solo el mal, hábilmente camuflado de bien.

Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, el diablo fue a ofrecerle «todos los reinos de la tierra y su gloria», por cuanto decía «A mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos» (Lucas 4:6-7). Estos versículos ponen en evidencia el verdadero objeto de todo culto religioso del hombre.

La Biblia describe a Satanás como alguien que había sido «lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (Ezequiel 28:12), y que se disfraza de «ángel de luz» (2 Corintios 11:14).

Por lo tanto no hay sorpresa en que el hombre sea vilmente embaucado y llevado a realizar lo que el diablo busca. Su habilidad para engañar toca a todos, ni siquiera el más reflexivo de los hombres se salva de la seducción de Satanás.

Hay muchos que se convirtieron en miembros de alguna congregación o de alguna denominación religiosa y por tanto sostienen haberse convertido y según ellos la evidencia es haber abandonado la vida mundana, porque dejaron atrás los así llamados placeres del mundo.

Satanás les permite salir de un lado para entrar a otro, con el objetivo de adormecer sus agitadas conciencias, haciéndoles sentir espirituales y por tanto más satisfechos consigo mismos. El engaño es sutil y muy efectivo porque no se dan cuenta de que no han salido del sistema del mundo.

Solo los nacidos de nuevo en cuyos cuerpos mora el Espíritu Santo tienen ojos y oídos espirituales para discernir lo que es del mundo y no ser engañados por las maquinaciones de Satanás.

SATANÁS TIENE UN GRAN OBJETIVO

El gran objetivo de Satanás es poner en funcionamiento un sistema atractivo para el hombre, que sustituya por completo la obra del Espíritu Santo. Él busca interferir, realizando todos los esfuerzos posibles para evitar que el Espíritu Santo convenza al mundo de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). En el fin de los tiempos este accionar se verá como su obra maestra; en la actualidad ya es posible ver como se desarrolla el trabajo del diablo y la rapidez con que se van acercando los tiempos de la apostasía, cuando se manifieste vivamente el hijo de perdición, quien se opone a todo lo que se llama Dios (2 Tesalonicenses  2:3-4). Serán tiempos terribles en los cuales Satanás se mostrará abiertamente, como dios de este mundo, exigiendo ser adorado por todos.

EL HOMBRE ES RELIGIOSO POR NATURALEZA

Dios ha puesto en el hombre un sentido de adoración, es por eso que existen las miles de religiones en el mundo. Al hombre, como criatura compleja, le hacen falta muchas cosas para llevar adelante una vida satisfactoria. Necesita básicamente vestirse, cobijo y alimento, sin embargo está más feliz si puede participar activamente de negocios, política, sociedad, estudios, y porqué no, sentirse espiritual con algo de religión.

El hombre es por naturaleza religioso y las religiones que profesa son provistas por el mundo, no es para menos, por la relevancia que este aspecto, supuestamente espiritual, tiene en su vida. Notemos que el término religión no conlleva piedad, puesto que los adoradores de ídolos son también religiosos.

El mundo diseña y pone a disposición lo que el hombre carnal busca, al que tenga afición por lo bello, el mundo le dará hermoso arte y armoniosa música. El que sea de carácter independiente y comunicativo, encontrará satisfacción en el liberalismo. Si, por el contrario, se es de carácter callado y reservado, hallará que el conservadurismo es lo indicado. El mundo ofrece múltiples creencias, doctrinas y religiones adaptadas a todo tipo de carácter y a toda forma de visión religiosa.

¿CUÁNTO CUESTA SALIR DEL DOMINIO DEL MUNDO?

Muchos de los cristianos están sumidos en un sueño espiritual del cual es urgente despertar. Necesitamos examinar con lucidez si de una manera o de otra no estamos inmersos en el sistema del mundo, que arrastra rápidamente a perdición.

Muchos no se imaginan cómo impedir este dominio del mundo. Piensan que no hay forma de liberarse, porque por diferentes motivos no pueden abandonar sus ocupaciones diarias. Incluso a pesar del anhelo de liberación se hallan sujetos a parámetros del mundo: los negocios, los estudios, el trabajo, así como la vida social, que con tanto ahínco nos han sido inculcados en el transcurso de nuestra vida.

Somos llamados a confiar en Dios a través de la fe y combatir contra esta “necesidad inevitable” de permanecer en el mundo, que cada creyente admite tener: “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” 1 Juan 5:4.

La fe no toma en cuentas las circunstancias exteriores, tampoco sopesa entre lo posible y lo imposible, porque es la convicción de lo que no se ve y la certeza de lo que se espera (Hebreos 11:1), por tanto confía plenamente en Dios.

Aceptar el consejo del mundo, de ningún modo es una alternativa para el creyente. Muchas personas le pueden aconsejar acerca de lo que es conveniente hacer o evitar, al fin y al cabo lo que le conviene al mundo es que se siga su pensamiento. Puede ser que el camino ancho a los ojos del mundo se vea bueno y razonable; pero a los ojos del cristiano que anda por fe eso no tiene valor alguno. El convertido sabe que lo que el mundo considera universalmente como el buen camino es en verdad el camino ancho de perdición, lo que los hombres tienen por sublime delante de Dios es abominación.

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” Juan 17:15. No podemos evitar el contacto con las cosas del mundo, pero aquel contacto no debe transformarse nunca en comunión. Jesús, que no era de este mundo, padeció en él y vivió como extranjero. Él vivió y sintió el aislamiento y la tribulación, y será lo mismo para nosotros mientras sigamos fielmente sus pasos.

Mientras estemos físicamente en el mundo, no podremos evitar su contacto. Sin embargo podemos evitar todos los asuntos para los cuales no hay necesidad de tener contacto con él, esto se hace posible si llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús.

La Biblia ordena que nos salvemos de esta “perversa generación” (Hechos 2:40). No asociarnos en yugo desigual con incrédulos, sino separarnos de ellos (2 Corintios 6:14-18). No oír su consejo. (1 Juan 4:5-6).

Es menester del cristiano esforzarse por caminar por el camino angosto y entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida.

EL CRISTIANO YA NO ES DEL MUNDO

Si vemos a un hombre comiendo una fruta ácida y en mal estado en un huerto, mientras tiene a su lado un árbol cargado de la más sabrosa fruta, deduciremos de ello, que no sabe lo que es una buena fruta, porque no la conoce. Del mismo modo, si el corazón del hombre se apega a las cosas de este mundo, deduciremos que no ha conocido a Dios.

En la medida en que el corazón de una persona se apegue a cualquiera de las cosas de este mundo, es dable pensar que no ha conocido a Dios, por más que afirme ser creyente.

Cuando un alma ha sido transformada y ha llegado al conocimiento genuino de Dios, su atracción por las cosas celestiales, a causa de su unión con Cristo, es tal, que no siente más deseo de participar en el sistema del mundo. El deseo por las cosas del mundo se va apagando como una vela que se va consumiendo, hasta terminar humeando.

Al convertido le repele solo el hecho de pensar en retornar a los principios del mundo, porque entiende que no son más que miserables y pobres criterios.

El hombre espiritual adoptado por Dios, que puede llamarse su hijo y goza de vida en Cristo Jesús, ha perdido todo interés por el mundo, porque ha conocido a Dios. A pesar de seguir viviendo en el mundo, ya no es de este mundo porque pertenece al mundo espiritual a partir de su nuevo nacimiento en Cristo.

LA CONDUCTA DEL CRISTIANO FRENTE A LA POLÍTICA Y A LAS AUTORIDADES

El mundo nos enseña que hay que amar a la patria y que con orgullo se deben llevar adelante las obligaciones y derechos ciudadanos. Un buen ciudadano debe interesarse por su país participando en su desarrollo y aportando con su ejemplo.

Sin embargo la Biblia nos enseña que no somos ciudadanos del mundo, sino que nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20).

Claro que no es fácil dejar de lado el sentimiento patriótico especialmente cuando uno se encuentra en el extranjero, al final la nacionalidad del país en el que nacimos es la que todos tendremos hasta la muerte, con pocas excepciones. En ese sentido es preciso recordar que nuestra nación terrenal dejó de ser nuestro punto de referencia en la perspectiva espiritual.

Así mismo vemos que el mundo es esencialmente impío, y que su cultura, sus tradiciones, sus grandes reformas e impresionantes progresos apartan progresivamente el corazón del hombre de Dios.

Dios pone y saca a las autoridades. El cristiano debe sujetarse a las autoridades en la medida que sus exigencias no vayan en contra de las exigencias de Dios. Así mismo es su deber hacer oraciones, rogativas y acciones de gracias por las autoridades a fin de vivir tranquilamente con devoción y honestidad (1 Timoteo 2:1-2).

Resulta que lo único que un cristiano puede realizar en política, es someterse a los que están en eminencia, “no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia” (Romanos 13:5). No tiene sentido ir en contra de la ley del hombre cuando se hace necesario participar en, por ejemplo, elecciones, especialmente si la falta de participación acarrea consecuencias.

El verdadero hijo de Dios deja de tomar posición en temas de política, no porque crea malo el adherirse a una opinión, sino porque ha dado su voto por Jesucristo, a Aquel que el Dios Padre ha ensalzado como Rey de reyes y Señor de señores.

Entender que en términos espirituales no somos ciudadanos de ningún país ni miembros de ninguna sociedad es imprescindible para conseguir un alejamiento real del mundo. Nuestro que hacer debe entonces estar enfocado en las cosas de arriba, porque por nuestro Señor Jesucristo el mundo nos es crucificado a nosotros, y nosotros al mundo (Gálatas 6:14).

En la medida en que las cosas terrenales absorban nuestros pensamientos, nos constituimos en enemigos de la cruz de Cristo (Filipenses 3:18). Finalmente Pablo nos exhorta en Romanos 12:2 a no conformarnos a este siglo.

¿CUÁL ES LA SALIDA?

La solución para salir del camino ancho y empezar a caminar por el camino angosto está en la cruz de Jesucristo. El sacrifico de Cristo en la cruz permite que los que en Él creen puedan dejar de vivir conforme al sistema del mundo, librándose de su terrible influencia.

El Espíritu Santo se ocupa de regenerar el espíritu muerto en delitos y pecados de los que son llamados a vida nueva, éstos son los que pueden discernir entre lo que es del mundo y lo que es de Dios.

El apóstol Pablo menciona en Romanos 8:14 que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. Cristo es la cabeza de la Iglesia y es quien esta divinamente designado para guiar al cristiano, tal como en el cuerpo del humano la cabeza dirige los movimientos de las manos o de los pies.

Cristo es la cabeza del cristiano, quien se somete a Su voluntad de forma voluntaria, por amor, en contraposición a los miembros del cuerpo humano.

Concluimos que la base de la vida cristiana es la dependencia total de Dios y la obediencia a Su voluntad, en tanto que el sistema del mundo se halla edificado sobre la voluntad propia del hombre y la influencia de Satanás.

VIVIR EN CONTRACULTURA GENERA PERSECUSIÓN

En tanto que el hombre natural está embelesado por la cultura del mundo, el cristiano vive en contra de la cultura del mundo y espera ser utilizado como instrumento de Dios para liberar a muchos del lazo de Satanás, así mismo desea dar testimonio de Dios y de su verdad, anunciando el juicio venidero cuando Cristo retorne en su segunda venida.

El cristiano tiene que mantenerse como una casa solitaria en medio del ímpetu de un impetuoso tornado, ya que todo cuanto le rodea está en frenético movimiento. Todo tiende a hacerle vacilar, una continua e implacable presión se ejerce sobre él. La lucha se encuentra en medio de una tenaz oposición, la cual, tarde o temprano, le arrastraría, si no contara con el firme sostén de Jesucristo.

Cuando el creyente empieza a hacer la voluntad de Dios, es entonces cuando se levanta la tormenta contra él. Querer vivir bajo los preceptos de Jesucristo provoca enemistad con el mundo.

Comportarse como todos los demás es fácil y ser miembro de lo que se llama una iglesia también es cosa fácil. Ser un hombre honrado y buen ciudadano no es motivo de persecución. Muchos reúnen todas estas cualidades y, sin embargo, siguen inmersos en el sistema del mundo.

Es imposible que un cristiano verdadero no sufra persecución por el mundo. Si nadie se le opone porque goza de muy buena reputación, según el mundo, es una señal de alarma porque es muy probable que no se vea a Cristo reflejado en él, “porque nosotros (los cristianos) que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal”. 2 Corintios 4:11

Numerosas son las maquinaciones de Satanás para seducir a los hijos de Dios: Reuniones religiosas, obras de caridad, conciertos cristianos, células, compartimientos de diverso tipo, cosas en las cuales la carne se complace y que sustituyen a lo que deberíamos estar viviendo en la fe del Hijo de Dios.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” Gálatas 2:20.

Los creyentes de la Iglesia primitiva que recibieron el testimonio de haber agradado a Dios, fueron despreciados (Hechos 11:36-37). Otros vinieron a ser «la escoria del mundo, el deshecho de todos hasta ahora» (1 Corintios 4:13), a pesar de ser ciudadanos de primera clase en el cielo.

En estos días reina entre muchos cristianos un estado neutral con y por el mundo, porque es más sencillo evitar el conflicto con él, por cuanto están viviendo una vida de personas honradas y muy consideradas con este mundo. El resultado es que se convierten en súbditos desleales de Cristo, quienes evitan, cuando no huyen, la humillación de la Cruz.

A pesar de todo, la Palabra de Dios permanece inalterable: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» 2 Timoteo 3:12.

Bienaventurados los que estamos sellados con el Espíritu Santo de la promesa y esperamos al mismo Señor que, con aclamación, voz de arcángel y toque de la trompeta de Dios, vendrá a arrebatarnos en las nubes para que estemos por siempre con Él (1 Tesalonicenses 4:16-17).

ORACIÓN

Padre y Señor nuestro invocamos tu nombre para que nos ayudes a amarte con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas nuestras fuerzas, que ese amor nos sirva para alejarnos del mundo y dejar morir a nuestra carne. Permítenos tener pensamientos puros y de alabanza y que no seamos seducidos ni engañados por las cosas del mundo.

Alex Granier

 

Referencias:

J. N. Darby  SEDIN 1997

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