Comentarios, Reflexiones

Evangelios Enfrentados

Son muchos los que utilizan pasajes cortos y versículos tomados de por aquí y de por allí para probar doctrinas que expresen a la gente lo que desean escuchar, en vez de decirles lo que necesitan saber.

De esa manera se ha ido desarrollando en los últimos tiempos un evangelio diferente (falso), que es de carácter acomodaticio, porque busca quedar bien con todos y en general resulta bastante flexible y se adapta a las necesidades y gustos de quienes lo siguen. No confronta ni expone el pecado y menos ofende al pecador, más bien es todo lo contrario, atrae porque es atractivo, amigable y dulce, en realidad es todo amor, porque Dios es amor y además Él ama a todo el mundo. Un evangelio demasiado bueno como para ser verdad, pero que en realidad no dice la verdad, cuyas promesas solo arrastran a satisfacer necesidades humanas por humanos.

Por otro lado está el genuino Evangelio que no es negociable porque es obra soberana de un Dios omnipotente, confronta, ofende y expone desnudo al pecador ante el Creador, antes de llevarle a un cambio radical que se origina a través de un nuevo nacimiento espiritual. Una real buena noticia, de que el infinito poder del Dios vivo y verdadero actúa para cambiar un alma pecadora a un espíritu regenerado para vida nueva y eterna.

Existen muy pocas referencias al amor de Dios en la Palabra escrita, sin embargo, la gran mayoría de las congregaciones/denominaciones modernas han hecho del amor de Dios el mensaje más importante para el mundo, cuando en la Biblia vemos de manera muy palpable que el mensaje del amor es más bien para los convertidos y casi nada, para no decir nada, para el mundo.

La palabra amor aparece 227 veces en 208 versículos en la Biblia versión Reina Valera , 88 veces en 80 versículos en solo 18 de 39 libros del Antiguo Testamento y 139 veces en 128 versículos en 24 de 27 libros del Nuevo Testamento. Sin embargo solo aparece refiriéndose de manera expresa al amor de Dios en no más de 40 versículos, que representan menos del 0,02% del total de versículos cuyo número asciende a 31.104 en todos los 66 libros de las Sagradas Escrituras. Es curioso constatar que 24 libros de la Biblia no mencionan ni una sola vez la palabra amor.

Los que están a favor del amor incondicional de Dios para con el mundo, podrían argumentar en contra de esta estadística, diciendo que no es relevante el número de veces que aparece la palabra amor en la Biblia para determinar el carácter del amor en torno al cristianismo. Es por eso que este análisis no solo se basa en ese único aspecto, también observamos el hecho de que en ningún lugar de la Biblia se hace público el amor de Dios.

Los judíos solo hablaban del amor de Dios entre judíos, se guardaban de hablar sobre el tema con los gentiles. Era parte de su intimidad y estaba reservado para ser manejado entre ellos, no se conoce ningún discurso de los judíos hacia el mundo que hablara del amor de Dios.

De igual manera nos encontramos en el Nuevo Testamento ante una realidad prácticamente igual, las Buenas Noticias divulgadas tanto a judíos como a gentiles no hacen mayor énfasis en el amor de Dios. No es posible encontrar ni un solo versículo que haga mención del amor de Dios por parte de los cristianos a los inconversos. Se hablaba del amor de Dios entre hermanos convertidos a Cristo, pues era considerado como una prerrogativa privada. El amor de Dios era y sigue siendo un tema muy íntimo de los que son discípulos de Jesucristo y le siguen porque conocen de su amor.

Los libros donde más se encuentra la palabra amor es en 1 Juan 18 veces, en 1 Corintios 16 veces, 2 Corintios 14 veces, Salmos, Isaías y Romanos 12 veces en cada libro, Cantares y Efesios 11 veces en cada libro. Curiosamente ninguno de estos libros/cartas fue dirigido o escrito para no creyentes o inconversos, se habla del amor de Dios de manera exclusiva a los que ya son seguidores de Cristo.

Es por demás curiosa la posición que asumen las congregaciones/denominaciones cuando ponen todos sus esfuerzos en predicar al mundo sobre el amor de Dios, según ellos todo se basa en el amor de Dios. Sin embargo y de forma sorprendente ni Jesús ni sus discípulos hablaron en público o predicaron del amor de Dios.

El libro de los Hechos es un libro que relata los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, describe qué y cómo hacían los apóstoles y discípulos; en primera instancia predicaban el Evangelio a quienes podían, tanto judíos como gentiles. Se describen los efectos de tal predicación en el crecimiento que la Iglesia experimentaba. Una palabra clave para describir la forma de predicación es el denuedo con el cual realizaban su labor evangelista. El denuedo era puesto por Dios y se trata del valor, la energía y decisión con que salían estas personas a difundir el Evangelio, los resultados eran evidentes porque muchísimos después de oír la Palabra de Dios se convertían a la fe de Jesucristo.

Una vez más recibimos la sorpresa de que en el libro de los Hechos no se menciona ni una sola vez la palabra amor y menos el amor de Dios. El crecimiento de la Iglesia primitiva se dio sin mencionar siquiera el amor de Dios, no era necesario hablar del gran amor de Dios a nadie para conseguir convertidos genuinos. El amor de Dios estaba reservado para el Cuerpo de Cristo y no se hacía alusión a él en público, su uso estaba reducido al entorno de hermanos en Cristo.

Hoy por hoy vemos el efecto multiplicador que el “amor” de Dios tiene sobre los seguidores de pastores convincentes en congregaciones/denominaciones cristianas que esgrimen ese mensaje de amor como una atracción mayor, sin embargo el efecto multiplicador se manifiesta en un número cada vez más grande de simpatizantes.

Una pregunta para estas congregaciones/denominaciones es: ¿cómo es posible que en épocas del cristianismo primitivo se haya conseguido la genuina conversión de tantos y tantos sin mencionarles nada sobre el amor?

Es el caso de la obra soberana de Dios, Él no necesita utilizar ninguna “carnada” para “atrapar” a sus escogidos. “Sonríe, Dios te ama” es una atractiva carnada para los inocentes que muerden el anzuelo del otro evangelio. Dios mismo es quien se ocupa de realizar una obra maravillosa en las vidas de sus escogidos, Él es quien tiene misericordia de quien quiere tener misericordia, Él es quien ofrece su vida en rescate de muchos.

Nadie por oír lo amoroso que es Dios o por cuánto Él ama se convierte. La conversión llega cuando se recibe el gran impacto de la toma de conciencia sobre el grandísimo problema que es el pecado y que la solución se encuentra en la cruz y que la cruz se hace efectiva a través de la fe salvadora y que esa fe llega por gracia.

Los muchos que han sido rescatados de la esclavitud solo por obra y gracia de Dios llegan a entender que lo que Dios les ha regalado es algo en sumo precioso. Saben que Dios ha realizado algo en sumo extraordinario en sus vidas, además viven un cambio radical de manera tangible y comprenden que Dios no obra sobre todos al mirar su entorno. Están tremendamente agradecidos porque se saben absolutamente inmerecedores de tan grandioso regalo llamado gracia, porque entienden que estaban siendo oprimidos por el pecado y han sido definitivamente liberados de su yugo.

Los rescatados son los que recién llegan a comprender el extraordinario amor de Dios vertido sobre ellos. Nadie más, que los redimidos y separados del mundo, está en condiciones de entender la dimensión y profundidad de ese amor indescriptible en palabras humanas.

Se trata de una clase de amor desconocida para el hombre natural, totalmente diferente a cualquier concepto de amor humano.

La palabra amor en español se usa de manera indistinta para referirse a diferentes tipos de amor que en el idioma griego utilizado en el Nuevo Testamento se define en tres palabras, teniendo cada una un significado específico: Eros, Filos y Ágape. Los dos primeros son conocidos para el mundo, el tercero es desconocido, es un amor divino que solamente los creyentes verdaderos lo pueden entender.

Eros es el amor de las emociones, por el cual normalmente se “sufre”, es el más buscado y más anhelado. Es el amor de la atracción, hace suspirar y sentirse feliz. Es el amor del deseo, el pasional, el impulsivo. El amor Eros hace sentir deseo sexual hacia alguien, tener ganas de poseerlo. Hasta una simple mirada puede provocarlo, no es voluntario, se viene sin buscarlo. Es la atracción física que se siente al ver a esa persona tan “especial”. Así de fácil como se puede entrar en ese amor, se puede salir de él. Suele ser un amor de corta duración, entendiéndose por corto hasta unos cuantos años. Para perdurar necesita ser correspondido y cuando se termina es posible entablar una relación de amor filos.

Filos es independiente de Eros y es el amor de la amistad y de la familia. Su origen se encuentra en la mente y el alma. Es un amor cariñoso y lleno de afecto, es un amor muy bonito, que podría conllevar algo de atracción, sin embargo se entiende que el afecto es su principal motor. Cosas en común, gustos, pensamientos y sentimientos dan lugar a que dos personas se unan y encuentren. Se generan lazos de confianza y uno desea la felicidad del otro. Se suele buscar ese tipo de relaciones las cuales llevan a pasar lindos momentos sin la necesidad del contacto físico o íntimo. Es un amor de compañerismo, que se puede sentir hacia un amigo o un pariente. Filos se elige, uno decide si continuar o abandonar, el control lo tiene uno.

Ágape es en definitiva completamente independiente de Eros y Filos, es el amor de Dios. Es un amor que no busca nada a cambio, es desinteresado y sacrificado, y deja de lado el egoísmo. Es un amor que te lleva a hacer algo bueno por los demás. A través de él es posible perdonar, es un amor paciente, afable y sin envidias, no exaspera y es comprensivo, es el amor de la entrega. Es un amor compasivo que no lleva cuenta del mal. Es el amor que Dios tiene para con sus hijos.

En Lucas 10:25-37 podemos leer la parábola del buen samaritano, donde es posible ver el amor de Dios y donde Jesús expresa la manera en que debemos amar a Dios, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro corazón, con todo nuestra mente y con toda nuestra alma, además de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El amor ágape fue el que obro sobre el samaritano que tuvo compasión por el judío, a pesar de todas las profundas diferencias que separaban a judíos y samaritanos.

Amar a Dios de la manera que Él exige es prácticamente imposible para el hombre natural, porque siempre habrá al menos un mínimo toque de interés y de egoísmo que radican en la naturaleza del hombre caído.

El hombre natural no comprende este amor que perdona y rescata del pecado, porque no lo ha vivido. Hablarle a alguien sobre algo que no entiende no tiene sentido, esa es la razón por la cual Jesús ni sus discípulos mencionaban el amor mientras predicaban el Evangelio.

Además de Juan 3:16 donde se puede entender que Dios amó al mundo en su conjunto, en ninguna otra parte encontramos en la Biblia que Dios ama a todos los habitantes del mundo. Por desgracia la mayoría de las congregaciones/denominaciones esgrimen como bandera el amor de Dios por el mundo y predican otro evangelio sin cesar.

A causa de ese otro evangelio muchos en estos días modernos tienen una idea equivocada de Dios, porque manejan el concepto de un dios diferente a lo que realmente es. Esgrimen el fundamento de un dios amoroso que en verdad no pareciera serlo, porque si así fuera no habría maldad en el mundo, y si la hay es porque él así lo permite. Aducen que ese dios nada hace por erradicar el sufrimiento, las enfermedades, la injusticia y la corrupción que campean a nuestro alrededor. Cuestionan la Palabra de Dios diciendo que un Dios amoroso no debe enviar a nadie al infierno. Por lo mismo no se ven motivados ni siquiera a darse el trabajo de hojear en la Biblia lo que el Dios verdadero tiene para decirles.

Se trata de un dios creado en la mente del hombre natural, quien idealiza amor, justicia y bondad a su manera, a través de una lógica humana influenciada por quizás el egoísmo, la cultura, la filosofía o simplemente el desconocimiento. Es duro decirlo pero ese dios equivale a cualquier otro dios creado por el hombre, uno como Zeus, Diana o Artemisa, no es otra cosa que una forma más de idolatría.

Idolatría es la adoración de imágenes, ídolos, así como creer en un dios según un entendimiento a medida y a conveniencia, es anteponer cualquier cosa antes que a Dios.

Curiosamente la Biblia enseña cosas de Dios que no son precisamente amorosas. Dice que Dios puede enojarse tremendamente contra las personas y su pecado, y Su furor puede causar estragos. Hay pasajes donde dice que es mejor no haber nacido cuando la ira de Jehová se enciende y también explica que no hay cosa más terrible que caer en las manos de Dios cuando esta airado. Así mismo enseña que no hay dónde ocultarse de la ira de Dios. Él castiga toda vez que ve necesario, incluso con la muerte, existen varios casos en las Escrituras.

Dios no tolera las abominaciones, es más las aborrece. Sin embargo el mundo las tolera porque no las ve mal. El criterio sobre un Dios amoroso sustentado por las ideas del mundo, puede llevar a pensar erróneamente que Dios ama al pecador. Dios no ama al pecador con el amor del Padre en la medida en que éste siga en pecado.

A lo largo de la historia de la Biblia vemos que Dios bendice a unos y maldice a otros, desde el comienzo de los tiempos vemos cómo actúa en justicia, pero esas maldiciones no son vistas como amorosas por el hombre natural. El problema es que el hombre natural interpreta el amor de Dios desde la perspectiva sentimental y por eso juzga a quien, en verdad, no conoce y cuyo verdadero amor tampoco entiende por el mismo motivo.

Vimos que no se puede dudar de la existencia de otro evangelio, que compite con el Evangelio de Jesucristo, al extremo que parecería que le va a ganar, lo cual es imposible porque no hay quien gane al Todopoderoso Dios de los Ejércitos.

ORACIÓN:

Padre y Señor que se haga tu voluntad sobre la tierra, que tu gracia reine en los corazones de tus escogidos y que la maldad sea visible a los ojos de quienes te siguen en obediencia para huir de ella. Mi voluntad es que abras los ojos de todos los que no te ven y creen confiar en tu amor, mi imperfección hace que mi voluntad no pueda estar alineada con la tuya, sin embargo si así fuera, recibiría la dicha más grandiosa para mi corazón. Una vez más, Tu eres el soberano dueño de todas las cosas, lo mejor es que siempre se haga todo como está en Tu perfecto plan. Amén.

Alex Granier

Referencia: Video de David Pawson: “Why God allows natural disasters?”

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