Comentarios, Reflexiones

Un Esbozo sobre las Bienaventuranzas del Sermón del Monte

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Se han escrito muchos comentarios, algunos resumidos y otros extensos, incluso existen autores que han decidido ofrendar su inspiración en libros enteros sobre este maravilloso sermón que el Señor Jesucristo nos dejó dentro de su Palabra escrita. Mi intención es hacer un llamado a los cristianos para que se dediquen más a la lectura de los temas de Dios, que abandonen por lo menos por un poco el WhatsApp y el Facebook, para encontrar inspiración en temas que todo cristiano debe saber y también conocer en profundidad.

Amigo lector se trata de una lectura no demasiado larga y es por eso que estaría muy feliz de saber que le fue de provecho espiritual.

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”                 Mateo 5:1-12
En nuestro diario vivir solemos hacer cosas malas, que en algunos casos deseamos revertir haciendo obras buenas.
De ejemplo basta un botón, después de maltratar a alguien, cuando nos remuerde la consciencia muchos no solemos pedir perdón, y por eso nos ideamos formas de compensación que creemos satisfarán al damnificado.
No solemos mostrar pobreza de espíritu, ni mansedumbre, ni misericordia, ni sed ni hambre de justicia, ni un sentido de paz, ni un corazón limpio.
Algunos dirán que exagero, pero si sumamos, no solo nuestras acciones, sino nuestros pensamientos, deseos y pasiones me arriesgo a decir que estoy en lo cierto, porque no estamos en condiciones de cumplir ni siquiera una de las «propuestas» de Jesús a cabalidad.
El mensaje general de Jesús en el sermón del monte es: cumplan con lo que les digo y serán felices, felices, felices, tres veces felices que significa infinitamente feliz que es lo mismo que bienaventurado.
Las bienaventuranzas y su cumplimiento están previstas para el hombre espiritual, para el convertido verdadero, para el creyente. Pensar que el hombre natural pueda cumplir lo que el Señor pide, es como querer hacer declamar a mi perro, un imposible.
Viviendo bajo el poder del Espíritu Santo y anhelando seguir a Jesucristo recién se llega a entender el sentido profundo y el maravilloso resultado de un estilo de vida completamente afín a Dios y contrarío al mundo.
Alabado sea nuestro Señor Cristo Jesús por sus enseñanzas que son tan opuestas a las del mundo, porque para el mundo es normal llamar dichoso al orgulloso y admirar al alegre, al rico, al poderoso y al exitoso. Por esos motivos se ve a los creyentes verdaderos como lunáticos alejados de la realidad.
Estas características de las bienaventuranzas representan los rasgos de carácter y comportamiento principales del ser cristiano. Jesús en su divinidad cumplía todos estos atributos imposibles de cumplir para el hombre que no ha nacido de nuevo, cuyo espíritu no ha sido regenerado, porque no ha sido bendecido con el don de gracia del Dios Padre.
El nacido de nuevo se deleita con lo que es locura para el hombre natural, además de que vive con la firme esperanza de las promesas de Dios, por lo que su felicidad eterna comienza en este mundo.
Está bendecido con paz y gozo por lo que puede dar la bienvenida con alegría en el corazón a circunstancias difíciles y dolorosas.

reino-de-los-cielos“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” Mateo 5:3
Solemos apuntar a ser orgullosos y grandes según nuestra propia sabiduría, el mundo describe a las personas que no tienen «cualidades» similares como seres con autoestima reducida.
Eso mismo pensaría el mundo de los pobres en espíritu mencionados en el versículo, personas desubicadas y perdedoras con un cero de autoestima.
Graficando un poco más creo que el mundo visualiza este estado de bienaventuranza de la misma manera como vería a un pobre perro mojado, embarrado y abatido con la cola entre las piernas.
Entonces, ¿por qué insiste Jesús en decir que una persona pobre en espíritu es bienaventurada?
El pobre en espíritu, ante todo y para comenzar, es una persona bendecida con la gracia del Dios Padre, por lo tanto ha creído por el don de fe que recibió del Creador, que Jesucristo es su Señor y salvador, en consecuencia cuenta con un espíritu regenerado que fue justificado para vida eterna, lo cual hace que sea un nacido de nuevo espiritual en Cristo Jesús.
A hacer recibido discernimiento del Espíritu Santo el pobre en espíritu conoce de su bancarrota espiritual, y también sabe que si no hubiera sido por la sangre de Jesucristo derramada en la cruz del calvario no existiría forma de salir de dicha bancarrota.
Es consciente que nada es y sabe también que nada merece. Ve su urgente necesidad de Dios y su total dependencia de Él, se duele por su pecado, es humilde, se ve pequeño y valora sobremanera la obra del Redentor en su vida.
Esta bienaventuranza es la primera de todas, no por azar, porque sin ser pobre en espíritu nadie tiene acceso a la morada celestial, que es el reino de los cielos.
En el reino de los cielos no hay nadie que no sea pobre en espíritu, por consiguiente la pobreza en espíritu es la característica primordialmente esencial de todo seguidor de Cristo.
La pobreza en espíritu es como un vacío que se debe conseguir para después ser llenado, así mismo primero se debe morir al viejo hombre para luego vivir como nacido de nuevo.
La situación del hombre pobre en espíritu es llegar a vaciarse de su antiguo yo completamente para luego ser llenado totalmente por Dios.
Valga la aclaración para no confundirnos, la pobreza material no es un requisito imprescindible para llegar a ser pobre en espíritu.
El pobre en lo material no está más cerca del reino de los cielos que el rico, las Sagradas Escrituras no enseñan que ser pobre sea bueno o que la pobreza sea una virtud. Lo que sí enseñan es que los ricos que idolatran sus riquezas no entrarán en el reino.
Es más, un pobre materialmente es tan merecedor de la ira de Dios como el más malo de los ricos, y extraño como suene puede también tener como ídolo al dinero. Nos salvamos de la ira divina solo por fe y no por obras.
Nos debe quedar claro que nada podemos hacer sin la participación soberana de Dios en nuestras vidas para poder ser bienaventurados y entrar en el reino de los cielos, por tanto para llegar a ser pobres en espíritu necesitamos de su poder y voluntad, en nuestra propia fuerza nada o muy poco alcanzaríamos.

 

consolacion“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5:4
En algunas ocasiones no he sabido cómo reaccionar ante una persona que lloraba. Tenía la impresión de que exageraba la situación porque en mi sentir no era necesario llorar por el motivo que sufría. Mi problema era que no me identificaba con el sentir de la otra persona que seguramente era muy diferente al mío y por consiguiente le llevaba a llorar.
Hoy sé que el creyente debe llorar con los que lloran y reír con los que ríen.
Ahora bien, ¿cómo es posible que los que lloran puedan ser bienaventurados? Si bien existen personas que lloran de alegría, este pasaje no se refiere a ellos. Entonces si lloran no es precisamente porque estén felices, sin embargo la Palabra dice que estarán tremendamente felices.
Suena ridículo para el mundo decir que los que lloran son felices. Lo que el mundo busca evitar con mucho ahínco es precisamente el dolor. Si es posible dar la espalda a los problemas y en vez de afrontarlos darse una escapada divertida es visto como más adecuado.
Los problemas hay que evitarlos siempre que se pueda, esa es la filosofía del mundo, porque la vida de por sí ya es bastante complicada. El mundo enseña que todos tratemos de ser lo más felices que podamos sustentándose en los placeres, el dinero, los lujos y comodidades, y así sucesivamente.
Nadie que es del mundo se da cuenta que la verdadera felicidad viene de otra fuente. Una vez más nos encontramos ante una realidad completamente opuesta porque es de índole espiritual.
Jesucristo nunca dijo que los que lloran lágrimas en un sentido físicamente natural son felices, como cuando se recibe la mala noticia de una enfermedad terminal en un ser querido.
Se trata de un lloro en el espíritu. Los que lloran espiritualmente serán consolados y serán felices.
El llorar en espíritu se refiere al dolor que el nacido de nuevo siente por haber vivido en pecado tanto tiempo, lo cual implica haber estado agrediendo la santidad de Dios durante años y años. Se trata de un tipo de tristeza que lleva a un arrepentimiento genuino, que no es otra cosa que un cambio radical de actitud.
El saberse inmerecidamente salvo da lugar a una actitud de mente humilde porque se reconoce que nada podemos hacer en nuestras propias fuerzas, lo cual conduce a su vez a una dependencia constante del Dios y Padre. El creyente tiene una búsqueda continua en su corazón para ir limpiando todo el mal que aún queda en él y es en el transcurso de ese camino que va llorando.
Se dice que este mundo es un valle de lágrimas y sin duda lo es. La Palabra nos enseña que el convertido ya no es de este mundo pero sigue viviendo en él; su pasar se convierte en el pasar de un forastero que debe atravesar un valle de lágrimas, el cual es paso obligado para llegar al cielo que es su objetivo gozoso.
El sufrimiento espiritual de tales dolientes será diluido por la maravillosa consolación de Dios y también será recompensado con felicidad infinita.

 

herederos-de-la-tierra“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” Mateo 5:5
En el mundo en que vivimos admitir que uno es manso es declararse prácticamente perdedor.
Se nos enseña que uno no puede ni debe ser manso porque el resto se aprovechará con toda seguridad de tal condición y por consiguiente existe una alta probabilidad de salir perdiendo.
Durante mi juventud era común oír cuando uno se sabía superior al otro «ese es mi manso». Un simple ejemplo para mostrar el sentido peyorativo de ser manso.
El mundo piensa en función a fortaleza, poder, capacidad, seguridad en sí mismo y agresividad, sustantivos contrarios a la mansedumbre, los cuales son vistos como pilares que sostienen el éxito, y para la filosofía del mundo el éxito es la base de la felicidad. Cuanto más conquistas y más posees mucho mejor.
Una vez más nos sorprendemos ante una declaración bíblica contraria al pensamiento del mundo y preguntamos, si ser manso no había sido tan bueno, por qué Jesús nos insiste con que los mansos serán felices y que además serán herederos de la tierra?
Me imagino que muchos han rechazado la posición cristiana porque les era imposible entender el sentido espiritual de la mansedumbre, del sometimiento a Dios. No llegan a entender cómo uno se puede someter de esa forma, porque han sido enseñados de una manera contraria. El sometimiento para ellos es, quizás, la peor humillación.
El saberse un ser tan inferior ante la majestuosidad de Dios es en sí una bendición para el cristiano genuino. El someterse a un ser absolutamente perfecto, que lo sabe todo, que lo puede todo y que adicionalmente demuestra su bondad a través de su misericordia, además de su gran amor por los convertidos, en verdad no resulta nada denigrante, más al contrario es una liberación, porque a partir de que me declaro su esclavo dejó todo en sus divinas manos y me gozo sabiendo que Él tomará siempre el mejor camino, la mejor decisión y sabrá escoger siempre solo lo mejor.
La Palabra dice que la tierra será de los mansos, es decir que los mansos serán quienes tendrán el mundo a sus pies. Se trata de una afirmación definitiva y sorprendente porque todo será solo y únicamente de los mansos.
Los mansos son los que en callada sumisión al Todopoderoso toleran insultos, difamación y menosprecio. Ante la afrenta callan o dan una blanda respuesta. Se los ve pacientes ante el abuso y el maltrato. Conocen sus derechos pero no necesariamente los reclaman.
Su mansedumbre fomenta su vida espiritual, su comunión con Dios. Su seguridad de ser hijos de Dios se incrementa a través del consuelo de las promesas de Jehová, su éxito está en su dependencia de Jesucristo.
Dentro del orden no casual de las bienaventuranzas primero esta ser pobre en espíritu, segundo el lloro espiritual, tercero la mansedumbre. Se puede observar que la pobreza en espíritu implica humildad, el lloro espiritual implica abatimiento, dos ingredientes fundamentales para desarrollar el tercero que es sumisión total.
Si alguien cree que puede llegar a ser manso como Dios manda bajo sus propias fuerzas es un iluso dotado de una gran dosis de fe intelectual. Solo Dios y su poder pueden lograr que un ser humano pueda llegar a crecer espiritualmente a este punto.
Puedo reconocer mi pobreza en espíritu y llorar mi bancarrota espiritual, ambos aspectos inherentes a mi ser interior, pero aceptar verdaderamente que otros me menosprecien diciendo cosas de mí, habiendo sido entrenado para lo contrario, solo puede ser logrado a través de la presencia del poder de Jesucristo en mi vida.

 

agua-viva“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6
El hambre y la sed son sensaciones o necesidades fisiológicas que nos impulsan a comer y a beber para garantizar nuestra supervivencia física. Se trata de estímulos generados en el cerebro por ciertas reacciones químicas.
Si no tuviéramos sensación de hambre y de sed con bastante probabilidad descuidaríamos nuestra alimentación y sufriríamos de las consecuencias de la desnutrición.
Tener hambre y sed de justicia es desarrollar la necesidad de saciar la falta del alimento espiritual que consiste en ser obediente a la Palabra de Dios, es decir a sus preceptos justos. En otras palabras, tener y sed de justicia es querer ser seguidor de la justicia de Dios.
Una nación se engrandece por sus buenas leyes y por el cumplimiento eficaz de las mismas. Un hijo de Dios crece en espíritu a través de un cumplimiento eficaz de las leyes perfectas de Dios.
El hombre natural viene buscando la paz desde siempre, la busca por diferentes medios y no la consigue. Hasta ahora ha sido imposible encontrar una solución para evitar las guerras porque simple y llanamente se omite deliberadamente tomar en cuenta las Sagradas Escrituras en la búsqueda de la paz.
Si todos supiéramos y buscáramos la justicia con hambre y sed, tengamos por seguro que ya no habría guerra y tampoco contiendas.
El hombre está siempre detrás de satisfacer su propio yo, lo cual conlleva inmersa la búsqueda de la felicidad y no se da cuenta que en realidad es la causa raíz para su infelicidad.
El problema del hombre es que tiene hambre y sed de felicidad, y no se da cuenta que debe cambiar de enfoque y tener hambre y sed de justicia para ser feliz, para ser bienaventurado.
Descubrimos una vez más que la Biblia nos enseña que la felicidad no proviene de tanto buscarla, sino de la búsqueda de otras cosas: pobreza en espíritu, llanto espiritual, mansedumbre, humildad, justicia.
Otra de las maravillosas promesas, quien tenga hambre y sed de justicia será saciado de manera perfecta y vivirá feliz por la eternidad.
Cuando hablamos de justicia nos referimos a la justicia de Dios, la misma que mandará al infierno a todos los que viven en injusticia. Jesucristo hizo justicia por los que en Él creen, es decir que Él liberó del castigo eterno a través un acto de justicia sustituta a los muchos que le declaran Señor, Él pagó el precio de la condena por otros muriendo en la cruz y cargando con sus pecados.
Dejemos entonces de buscar la felicidad a través de las diferentes experiencias que nos prometen que la encontraremos. Ya hemos demostrado en un cúmulo de veces que los logros que tenemos dentro de esa búsqueda son transitorios y de corta duración. Avoquémonos a buscar justicia para encontrar la felicidad verdadera.
Requerimos convertirnos a Jesucristo para vivir en obediencia a los preceptos de Dios y de esa manera vivir buscando justicia. Busquemos oír el Evangelio que es poder de Dios para conversión.

 

misericordia-al-atardecer“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mateo 5:7
Las Escrituras están también diseñadas para escudriñarnos a nosotros mismos.
Haciendo un análisis de mi vida pasada me veo humillado ante Dios porque mi orgullo me llevaba a pensar que era mejor que mi prójimo. Debo agradecer infinitamente al Señor por haberme enseñado su misericordia.
Es bueno ser humillado porque al ser herido se abre una sensibilidad para ver quien realmente es uno a la luz de lo que Dios quiere para el convertido genuino.
La misericordia de Dios es no darnos lo que merecemos. Nosotros no podemos tomar la misericordia en ese sentido porque no tenemos la potestad de juicio que Dios tiene, debemos entender misericordia como compasión por el prójimo y por su pecado.
La misericordia va de la mano con la gracia. La gracia de Dios consiste en darnos lo que no merecemos, que es la salvación eterna, tiene una relación estrecha con el hombre y su pecado. En tanto que la misericordia está relacionada con la miseria por el pecado del hombre, una miseria tal que es digna de compasión.
Ser misericordioso no significa hacerse de la vista gorda ante el pecado del prójimo. Es posible que el misericordioso no exprese abiertamente su contrario sentir hacia la transgresión, pero de seguro está elevando una oración por el alma del pecador. El misericordioso nunca se debe separar de los principios de Dios que son la rectitud, justicia y santidad, porque bajo esos mismos principios Dios obra misericordia.
Existen personas que nacen con una predisposición natural que las lleva a ser compasivas y existen otras que no. Esto se vería como una ventaja para los unos y una gran desventaja para los otros. La buena noticia es que en este caso no se trata de la disposición natural del hombre, sino que el Evangelio de conversión es para cualquier tipo de carácter o perfil de personalidad, porque ya no se trata del esfuerzo del hombre sino del poder de Dios obrando sobre los que Él llama, se trata de un regalo gratuito.
La misericordia puede ser tanto una disposición interna como externa. Internamente podemos decidir no cobrar por la ofensa y dejar de imponer nuestros derechos, nuestra posición es de compasión por la transgresión del otro y no así de venganza. Se trata de un espíritu de bondad y de pesar al mismo tiempo hacia el que se nos opone, se tiene compasión por su alma en pecado. Por otro lado está la misericordia externa que busca ayudar a los que están pasando miserias y dificultades.
Sería un grave error doctrinal pensar que porque soy misericordioso y perdono a quienes me ofenden, alcanzaré misericordia y perdón de Dios. La Palabra es enfática en decir que el perdón y la salvación no son por obras, sino por solo y únicamente fe, que a su vez es un don o un regalo del Dios soberano. Mis buenas obras no son necesarias para sumarlas a la fe, lo único que hace efectiva la cruz de Jesucristo es la fe genuina otorgada por el Dios Padre.
Podemos decir que la misericordia del cristiano es un efecto de su conversión y que sus buenas obras preceden a la fe.

 

paisaje-mas-bonito“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5:8
Al analizar este versículo he sentido profundamente no ser digno de Dios.
Me he observado y he podido ver que no estoy muy cerca de vivir en el temor de Dios y que con dolor debo admitir que no soy de tan limpio corazón.
En oración me he puesto a los pies de Dios y le he pedido que se haga su voluntad soberana en mi vida. He declarado mi inutilidad ante Él y le he pedido que obre sobre mi con su infinita y perfecta sabiduría.
Me consuelo en su justicia porque su hijo Jesucristo murió por mi pecado en la cruz, me consuelo por haber recibido el espíritu de adopción y no el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor (Romanos 8:15), no obstante ello me veo indigno, así como declaró Juan el Bautista que no era digno ni siquiera de desatar encorvado los cordones del calzado de Jesús (Marcos 1:7).
Creo que todos quisiéramos ver a Dios, algunos por mera curiosidad y otros por el anhelo de estar al lado del amado Padre para poder decirle ¡Abba Padre!
Si para ver a Dios es imprescindible ser de corazón limpio, veamos quienes son estas personas.
Se trata de convertidos genuinos, son quienes han sido bendecidos con la gracia de Dios, que sin embargo continúan viviendo en la carne que les lleva a seguir pecado.
Para irse alejando cada vez más de esa condición de pecado es necesario que crezcan espiritualmente, para ello es imprescindible reconocer la miseria espiritual que conlleva vivir pecando, es decir alejado de Dios y de sus preceptos.
Se entiende por un corazón limpio un estado en la persona que acompaña a un estilo de vida en sumisión y obediencia a Dios.
Para ello es necesario haberse reconocido como pobre en espíritu y llorar por la condición pecadora que se tiene, por la impotencia de saber que a pesar de que Dios está en la vida de uno, se sigue pecando. El apóstol Pablo decía no hacer el bien que él quería, sino el mal que él no quería (Romanos 7:19).
El lloro es grande porque no solo se llora por hacer cosas malas, sino porque se tiene el fuerte deseo de hacerlas.
Al caer uno en cuenta de la impureza de su corazón el lloro es grande. Se llora mientras se va purificando lo sucio y limpiando lo impuro durante el caminar en santidad, que finalmente lleva a la pureza de corazón, que a su vez permite ver a Dios. Vivamos entonces en obediencia y en temor de Dios.
Jesús se enfoca en el interior del ser y no así en las apariencias externas. Así como en la época de los fariseos, hoy en día existen personas externamente intachables en las que internamente bulle el pecado.
El enfoque está dirigido al corazón que bíblicamente implica el centro mismo del ser, de la personalidad e incluye la mente, el intelecto, la voluntad, además de los afectos y emociones, es decir todo lo que hace al hombre interior.
El corazón representa lo central y más profundo en el ser del hombre, por tanto los que son limpios en todos los aspectos mencionados son bienaventurados.
Las Escrituras afirman que el corazón es engañoso y que además de él salen los adulterios, los homicidios, las fornicaciones, los malos pensamientos, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mateo 15:19, Marcos 7:21).
Una lista bastante larga, que sin duda es para preocuparse, busquemos cualquier problema en la vida inherente al hombre y constataremos que nace de su corazón.
La bendición está en la promesa de Dios que nos dará corazones nuevos poniendo espíritu nuevo dentro de nosotros, quitará los corazones de piedra de nuestra carne y nos dará corazones de carne (Ezequiel 36:26), cambiará los corazones entenebrecidos iluminándolos con su divina luz.

 

paisaje-al-atardecer“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Mateo 5:9
Cuán feliz me siento al saber que Dios es quien sacia efectivamente mis necesidades y que Él en su infinita bondad y perfecta sabiduría ha decidido tocar mi corazón. Gracias Dios mío por abrirme los sentidos para darme cuenta, que sin Ti nada sería yo y nada me sería posible alcanzar.
Una vez más la luz de las palabras de Jesús pone al descubierto mi debilidad y me hace clamar por ayuda al Padre celestial, descubro otra vez mi imposibilidad de caminar solo porque constatando que los pacificadores serán llamados hijos de Dios veo en mi un descarriado y poco agradecido hijo adoptivo.
Concluimos de manera definitiva que la vida del verdadero cristiano es radicalmente diferente a la del hombre natural.
Vimos que ser manso es locura para el mundo, sin embargo sin ser manso es imposible ser pacificador.
El querer poner en práctica esta bienaventuranza o cualquiera de las otras a través de una fe intelectual, que no viene de Dios, es una aventura que no llevará a ningún lado.
El hombre natural viene buscando desde siempre las condiciones ambientales ideales para conseguir la paz, poniendo su fe por ejemplo en organizaciones como la ONU, lo que hasta ahora no discierne es que la única forma de alcanzar la verdadera paz es arrepintiéndose y convirtiéndose a través del Señor Jesucristo y su muerte sustituta en la cruz.
A partir de que el reino de Jesucristo no es de este mundo, ninguno de sus fieles seguidores debe defender ni estar bregando por defender sus derechos, su pensamiento o su posición cristianos. Al  contrario el hombre natural vive en una constante lucha para mantener o reivindicar sus derechos amenazados o perdidos.
Un pacificador, en el sentido cristiano, no procede del mundo natural, esto quiere decir que sin la intervención de Dios, su existencia como tal no es posible.
El pacificador debe primero ser cambiado de una disposición natural a una espiritual a través de la obra de regeneración del Espíritu Santo sobre el espíritu muerto del hombre. La Palabra afirma que todos estamos muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1).
Los pacificadores son seres que han nacido a una vida nueva, aman, añoran y se deleitan en la paz. Buscan y se agradan en la quietud. Caminan tras la paz, la mantienen y cuando se pierde se esfuerzan con todo su corazón por recuperarla.
El pacificador no es alguien que pospone el conflicto o que quiere aplacar las cosas solo para dejar de tener problemas.
El carácter del pacificador es muy distante al del peleador y conflictivo. No causa problemas y hace todo lo posible por no generarlos y por evitarlos, no está a la defensiva y su máxima preocupación es que todos estén en paz con Dios.
Esta bienaventuranza se concatena con las anteriores porque solo el manso y de corazón limpio cumple las condiciones para ser pacificador.
Le pido al Padre celestial que nos convierta en pacificadores y de esa manera poder bendecir al mundo.

 

biblia-con-manos-orando“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”           Mateo 5:10
Desde niño pude observar situaciones de gente perseguida por defender su posición política, llámense ideales.
Se veía como una acción heroica por unos y empecinada por otros. En todo caso nunca llegué a comprender del todo la motivación verdadera del «sacrificio» que realizaban, porque algunos eran asesinados, otros encarcelados y los menos salían ilesos. Su causa era siempre una motivación de humanos circunscrita al pensamiento de la época y a las circunstancias con una trascendencia limitada.
Me divierte pensar que si la posición del juego se hubiera invertido, rápidamente los perseguidos se hubieran convertido en perseguidores.
Sin duda estas personas eran perseguidas no por delincuentes, sino por causa de una justicia de hombres que hacían justicia en su propia sabiduría, que con seguridad distaba infinitos de la sabiduría de Dios.
Me imagino que ser perseguido debe ser una de las situaciones más dramáticas en la vida de un hombre, de manera indiferente por la cual se genere la persecución. Pone los nervios de punta, incentiva el miedo, quita el sueño y el apetito, hasta puede desencadenar una neurosis y con seguridad deja secuelas imborrables.
Esta bienaventuranza es una de las que peor suene al mundo y la que probablemente pueda motivar a los hombres a no ser seguidores de Cristo, porque la justicia de Dios es locura a sus corazones.
Cuán difícil debe ser aceptar la persecución sobre una causa que no es propia, que es la causa de la justicia de Dios. Considero que apenas percibe un indicio de persecución el potencial perseguido se declara inocente negando rotundamente la justicia de Dios.
Gracias a Dios el seguir a Cristo no es causa de una motivación, una pasión o de una posición política, se trata de la consecuencia de una elección que está basada en una decisión soberana del Señor de señores sobre la vida de sus escogidos. El cambio generado por el poder de Dios es radical, equivale a un cambio definitivo de nacionalidad, que lleva a la persona a ser forastero en su lugar de nacimiento. Se pasa de ser ciudadano del mundo a ser ciudadano del cielo. El cambio se percibe en la actitud radical del convertido, sus sentidos dejan de percibir el mundo con la misma percepción de antes, tiene ojos y oídos espirituales para ver y oír, cuenta con un espíritu renovado que es poderosamente llevado a anhelar vivir para Dios y su justicia.
Vimos que los pacificadores serán llamados hijos de Dios y que los mansos recibirán la tierra por heredad. Estos mismos pacificadores y mansos que anhelan vivir en función exclusiva de la justicia de Dios, serán perseguidos por causa de la misma justicia que desean defender, y de ellos es el reino de los cielos.
No dice bienaventurados los perseguidos por una causa determinada, o por no llevar una vida irreprensible, no dice que son perseguidos por ser necios al llevar una vida cristiana distorsionada, o porque son demasiado celosos de la Palabra o quizás fanáticos de Dios en extremo, o por estar muy equivocados en algún punto específico.
Ninguno de estos ejemplos tiene algo que ver con la persecución por causa de la justicia, aunque a ojos del mundo serían magníficas ocasiones para generar persecución.
Ser justo o practicar la justicia es vivir emulando a Jesucristo, es vivir en la constante búsqueda de querer ser como Él.
En Juan 15:18-20 dice que el mundo aborrece y persigue a Jesucristo y quienes sean como Él serán aborrecidos y perseguidos de igual manera. El apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:12 reafirma lo expresado por Jesús. Ambas afirmaciones tácitas y definitivas confirman que el verdadero creyente sufre ya o sufrirá pronto de persecución.
Jesucristo, el único y verdadero ejemplo de la amabilidad y la dulzura plenas, de máxima mansedumbre y gentileza, amoroso y bondadoso sin par fue perseguido, capturado, torturado y finalmente ejecutado por vivir bajo su perfecta justicia que resulta repulsiva para el mundo.
¿Qué podremos entonces decir de los convertidos que tienen el profundo anhelo de seguirle? Sin duda sufrirán similar persecución por esgrimir el estandarte de Jesucristo.
La persecución se da porque los que buscan vivir en justicia no son parecidos a los que les persiguen.
Los perseguidores no se ven reflejados ni en sus pensamientos ni en sus actitudes. Los que buscan justicia rechazan los parámetros del mundo, que a los ojos del mundo son buenos, por lo cual son juzgados y perseguidos.
El justo aunque no abra la boca condena al mundo, la gente opina que ser cristiano es bueno hasta que la justicia de Dios les empieza a demandar lo que en su propia opinión es demasiado y comienza a ser exagerado.
Si el hombre natural conociera profundamente a Jesucristo no le admiraría tan fácilmente, porque la esencia cristiana condena al hombre haciéndole sentirse inferior, motivo suficiente para odiarle y perseguirle.
El mundo llama dichoso al orgulloso y admira al alegre y al que se deleita en el escarnio a precio de la vida del otro y que disfruta el momento porque se vive una sola vez. El mundo ensalza al rico y al poderoso, saluda al éxito por ser un objetivo ansiado para llegar a la felicidad. Todos éstos son elementos que van en contra del pensamiento cristiano, suficiente motivo para mirar al creyente con desdén y para perseguirlo si fuera posible.
En Levítico 6:26 se nos exhorta a tener cuidado cuando recibamos demasiados halagos, porque significará que estamos viviendo al son del mundo.
El creyente no se debe exaltar a sí mismo por recibir persecución. Nada hay en los sufrimientos del cristiano que pueda ser un mérito ante Dios.
Recordemos que nada tendríamos si no nos fuera dado. Hemos sido bendecidos con misericordia y gracia, obremos para poder ser vistos como hijos de Dios y herederos del reino. Con gozo y seguros de las esperanzadoras promesas estemos preparados para dar la bienvenida a las circunstancias difíciles y dolorosas.

mentira“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.”  Mateo 5:11
Los humanos solemos tener una inclinación sospechosamente positiva hacia nuestros afectos, lo cual es sumamente natural en el hombre. Así mismo defendemos a capa y espada nuestras posiciones políticas, filosóficas, religiosas y hasta futbolísticas (creo que son las que más se defienden).
Dentro de nuestra enérgica defensa no tenemos ninguna compasión por nuestro oponente, si no llegamos a decirle con la boca todo lo que sentimos, lo hacemos con el pensamiento.
Esta situación se eleva a una máxima potencia cuando nos vemos amenazados o aun peor, juzgados o condenados. Es entonces cuando no medimos las consecuencias y empezamos a «defendernos» a través de dura censura y desaprobación de lo que sentimos que nos amenaza o condena.
Llegamos a estar dispuestos a perseguir lo que nos molesta para destruirlo, pisotearlo y finalmente escupirlo. No dudamos en exagerar para darle aún más dramatismo a nuestra defensa y justificar nuestro comportamiento.
Un ejemplo de mi vida: Cuando era bastante joven existía dentro de mi familia política una persona mayor a la que yo no tenía en muy alta estima, más que nada por lo negativo que oía hablar de ella a la gente que le era cercana. Me enteré que se había quejado y que me había criticado de lo malcriado que habría sido por no haberme dignado en salir a saludarle. La verdad fue que yo tenía conocimiento de que esta persona estaba presente en mi casa, no obstante evité saludarle por el preconcepto que tenía formado, sin llegar a pensar sobre la dura crítica que recibiría. Al contarme mi hermana que había sido condenado como maleducado, mi reacción no se dejó esperar, exageré en mis palabras de desaprobación obviamente sin aceptar mi error, aproveché para echarle a esta persona el barro que suponía conocer y si hubiera podido perseguirle y finalmente colgarle en la horca lo hubiera hecho con gusto.
Una figura similar a esta nos es familiar a casi a todos, verdad? Una reacción tan desmedida ante una condena justificada a la cual quizás no deberíamos dar mayor relevancia nos puede llevar a reacción aún mayor si el nivel de condena se eleva,  y más todavía si sentimos que dentro de nuestra indignación estamos apoyados por otros.
Cuando el cristiano no baila porque argumenta que la música no fue creada para la gloria de Dios, la condena es inmediata por parte de los amantes del baile. No es que digan tiene razón, dejémosle en paz con su posición, porque de inmediato es tildado de raro, fuera de foco y hasta de fanático.
Cuando el cristiano dice que llegar puro al matrimonio es un mandato de Dios que hay que cumplir, inmediatamente el mundo se siente juzgado y reacciona tildando al cristiano de exagerado, pechoño y anticuado, probablemente deseándole poco bien en sus mentes.
Puedo ir dando una cantidad apreciable de ejemplos de las enseñanzas de Jesucristo que llevan al mundo a juzgar y condenar, y en consecuencia a que los cristianos sean vituperados y perseguidos con el refuerzo de muchas falsedades por parte de sus antagonistas. No importa la forma ni la intensidad con que se de la persecución, la cuestión es que se va a dar con toda seguridad.
Mateo 10:34 nos dice que Jesucristo ha venido a traer división, porque el Evangelio crea una brecha muy marcada entre el cristiano genuino y el que no lo es.
Si todo vituperio y toda persecución son por causa de Cristo y si sus seguidores saben a quién están siguiendo, lo que queda es gozarse en las circunstancias difíciles y dolorosas, sabiendo que no se sufre por defender ninguna causa, sino para crecer en espíritu y terminar disfrutando de la divina presencia de Dios.
arbol-iluminadoORACIÓN: Padre Santo y Bendito cuan bienaventurados somos los hijos de Dios que recibimos de tu misericordia, a quienes tú prometes perfeccionar espiritualmente para que podamos ver tu rostro y tengamos vida eterna a tu lado. Gracias Señor por permitirnos humillarnos ante tu presencia y ante la presencia de los del mundo observando con celo santo tu divina justicia. Te alabamos Señor por tu bondad de prometernos el reino de los cielos, por tu promesa de consolación, exaltado seas oh Dios por hacernos herederos de la tierra. Amén.

Alex Granier

Referencias:

«El Evangelio según San Mateo», William Hendriksen

«El Sermón del Monte», tomo I, D. Martyn Lloyd-Jones, capítulo 3 al capítulo 12

Comentarios de Matthew Henry sobre el Sermón del Monte

Biblia de Estudio MacArthur Reina Valera 1960

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